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Te levantas por la mañana y no sabes por qué, pero intuyes que algo va mal. Te duele la cabeza, ¿será el tiempo? Está nublado y hace mucho calor.

Se hace tarde, no por mas madrugar llego antes, al contrario, creo que el tiempo pasa más rápido y yo estoy más cansada

Mi pequeñín llora, no quiere estar solo. Lo cogemos, y seguimos corriendo. Ni siquiera nos miramos, simplemente nos damos prisa. Llegamos tarde. Él no entiende nada,  te mira y sonríe, pero vas tan rápido que no te das cuenta.

Mi pequeña princesa no para de preguntar, me pregunta a mí, le pregunta a su padre. Quiere saber qué estamos haciendo en cada momento y por qué lo hacemos. Quiere saber qué le espera esta mañana. Le damos respuestas automáticas guardadas en nuestro disco duro desde que nosotros éramos como ellos, y que inconscientemente recordamos y soltamos. Tampoco hay tiempo, ponte los zapatos, ven que te peine, correee que llegamos tarde!!

La calma con la que me había levantado va menguando, y aumenta la intensidad de los nervios. Salimos gritando, diciendo cosas que no queremos y casi sin darnos cuenta estamos cada uno en su sitio. Y en vez de respirar y relajarte porque ya hemos llegado, tarde, pero hemos llegado, te das cuenta que el dolor de cabeza no era del tiempo. Es tu conciencia que quisiera ir más despacio, ser más consciente de las palabras que usas, de los hechos, de cada cosa que dicen o hacen cualquiera de los tuyos, porque eso es lo importante. Es lo que queda. Esa sonrisa a pesar de los gritos, las prisas, los llantos…esa sonrisa capaz de hacerte olvidar todo lo que antes te había hecho estallar. Por la sonrisa de cualquiera de los tres, vale la pena llegar tarde.

me ha gustado tanto que al verla tengo que compartir esta foto de Donyets Espai d’educació Lliure de Valencia

¿No os suena? Empecemos la semana con una buena sonrisa!!

 

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