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Ayer fue uno de esos días sin control en el que el cansancio acumulado te pasa factura. Azahar hace unas semanas que cuando esta conmigo se vuelve más bebé. Solo quiere bracito, que no coja a Aleix en brazos, ni siquiera para darle de comer, que esté pendiente solo de ella, y si no lo hago no veas como se pone. Es insoportable oirla llorar. Siempre intento calmarla, abrazarla mucho, decirle que la quiero aunque haya momentos que no pueda estar con ella…pero ayer no pude, e hice todo aquello que nunca quiero hacer, perder los estribos y repetir patrón. Cuando la estaba regañando, paré y me di cuenta que estaba utilizando las mismas palabras que mi madre, aquellas que tan poco me gustaba oir…y después le pedí perdón.

Le hice saber que había reaccionado así porque estaba cansada y los nervios me habían traicionado. Ella, que con dos añitos jamás deja de sorprenderme, me abrazo y me dijo: “mami, te quiero mucho”. Me saltaron las lágrimas, no pude contener la emoción y el cansancio. Porque aunque es maravilloso ser mamá, también cansa y como buenos humanos tamnbién nos equivocamos, y estoy orgullosa de ello, y de saber disculparme a tiempo.

He empezado a practicar meditación, a ver si eso me ayuda a estar centrada y ser consciente de cada momento, para no volver a perder los nervios. Al principio cuesta un poco, pero dicen los expertos que tiene muy buenos resultados. Ya os iré contando.

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